¿Cuál es el minuto más importante de un partido?
¿Cuál es el día, el año, más importante en la vida de una persona? Sin lugar a dudas el que estamos viviendo, porque los anteriores ya pasaron y los venideros aún están por llegar.
Pues eso nos lo enseña el deporte. Analicemos cualquier partido. Hay veces que un equipo no sale concentrado al campo y comete errores que le llevan a pasarse el resto del encuentro tratando de recuperar el tiempo o las ocasiones absurdamente perdidas.
Igual en la vida de una persona. Puede ser que con la juventud, impidiéndonos valorar las cosas en su justa medida, cometamos errores que nos marquen para el resto de nuestra vida.
O comenzar a dar el partido por terminado en el minuto 60. ¿Cuántas personas vemos cansadas de luchar con 60 ó 70 años, cuando todavía pueden dar cosas extraordinarias? Cervantes acabó el Quijote con 67 años, sólo un año antes de morir. ¿Qué hubiera ocurrido si hubiera bajado los brazos antes?
El fútbol nos enseña que cada minuto de un partido es importante, puede ser el decisivo. Partidos aparentemente ganados se complican de repente. Partidos que todo el mundo da por perdidos se llenan de esperanza por una jugada afortunada.
Por eso no conviene olvidar algunas verdades que se aprenden en un estadio de fútbol y que son fáciles de extrapolar a la vida fuera del fútbol:
Se juega mejor con el marcador a favor. Todos los esfuerzos por encarrilar un partido siempre tienen una profunda recompensa. Lo mismo que en la vida. Los esfuerzos en la juventud tienen doble premio, porque tenemos mucho más tiempo para disfrutar sus consecuencias. En sentido contrario, locuras absurdas pueden ser una pesada carga durante muchos años.
Nunca es tarde para mejorar. ¿Qué pasa si encajamos un gol? Nada, no hay que perder la identidad, ni alocarse, ni tomar decisiones precipitadas, y sobre todo, no quedarnos lamentando el resto del tiempo los supuestos errores pasados. Se aprende del pasado, pero se vive mirando al futuro. En un partido da tiempo, si no se pierde la perspectiva, de reparar situaciones adversas. Remontar es una forma heroica de triunfar.
No hay que quemar todos los cartuchos antes de tiempo, las carreras del minuto 25 no pueden ser las mismas que las del 80. Saber dosificar la energía es también de sabios. Correr lo justo para llegar al final habiendo entregado todo lo que llevábamos dentro, sin quemarnos demasiado pronto, ni terminar el partido sin haber sudado lo suficiente.
Lo que vale para un partido, vale para una temporada: 34 encuentros que no vuelven para atrás. Partidos fáciles desaprovechados se pueden echar en falta. Llegar al punto óptimo de forma demasiado deprisa puede provocar finales interminables de temporada o de partido donde continuamente miremos al reloj y pidamos la hora, con la esperanza de que se acabe.
La metáfora “la vida dura noventa minutos” es un homenaje a las edades del hombre. La infancia, la juventud, la madurez, la vejez. ¿Cuál es mejor, más rica? Ninguna en particular. Cada una tiene sus momentos, sus fortalezas, sus debilidades. Integrarlas todas es crear una vida plena. Y aunque parezca mentira, cuando suena el silbato del árbitro que inicia un partido puede ser el llanto de un bebé al descubrir el mundo, el pitido final, el lento tañer de las campanas que despiden a los que se van. |