Esta puede parecer una pregunta fácil de responder. Aparentemente no lo es para nadie. Lo solemos asociar a tristeza, frustración y dolor. Pero la podríamos cambiar por esta otra: ¿Acaso es posible no perder nunca? Obviamente no. Por ello, vamos a sacarle el mayor jugo que podamos a cada una de las veces que la vida nos vuelva la espalda. Sin olvidar que sólo pierde quien no aprende de sus derrotas.
¿Qué es perder? No alcanzar algo que se espera. ¿Cuántas veces ocurre esto en nuestras vidas, en nuestros “partidos de fútbol” del día a día? Miles de veces, muchas más de las que conseguimos lo que perseguimos. Por lo tanto, si aprendemos a transformar cada una de esas derrotas en una victoria, nunca perderemos y las recordaremos como experiencias valiosas que nos enseñaron a vivir.
Cuando en un vestuario de fútbol planteas esta pregunta después de la primera derrota de la temporada y tras una racha de victorias –alguna casi épica-, te arriesgas a recibir cualquier respuesta. El vestuario de la SD Nogueira volvió a ser un lugar creado para la sorpresa y para las experiencias inolvidables.
Con nuestra regla de que todo el que está en el vestuario habla -directivos y cuerpo técnico incluidos- obtuvimos las siguientes contestaciones. Que otros juzguen si nos ayudó a enfrentar el dolor de la derrota haciéndonos un poco más sabios.
¿Qué se aprende de la derrota? A saborear más la victoria (a veces olvidamos lo difícil que es ganar), a respetar al contrario (todos te quieren y te pueden ganar), a corregir los fallos (que se ven de forma más evidente), a despertar el deseo de ganar (mayor que cuando se está ganando), aumentar la concentración (en casi todos los fallos humanos interviene la falta de concentración), a saber que no eres el mejor (te baja rápido a la realidad), a no confiarse (si te confías puedes cometer errores infantiles que te cueste remontar), a bajar de la nube (estados de euforia y optimismo injustificado producen relajaciones de las que es muy difícil salir), que puede ganar cualquiera (todo en la vida, no sólo nuestra liga, está inmerso en una competencia feroz, donde todo está muy igualado), a conocer a los compañeros (es fácil llevarse bien después de una victoria…), que sin intensidad no se gana (hay que darlo todo en cualquier cosa que haces y, aún así nadie te garantiza la victoria, cuanto más si aflojas la entrega), a compartir otras cosas con los compañeros (a saber convertirse uno en motor de la motivación del que peor esté), los errores se ven más (hay fallos que las victorias tapan o hacen olvidar fácilmente y eso lleva a que no se corrijan), a comprobar la unión del equipo (ante la adversidad se prueban los sentimientos verdaderos), a no deprimirse (sería absurdo rendirse ante una derrota, ni ante diez seguidas), a no sentirse favorito (si alguien en el comienzo de temporada puede creerlo, seguro que no lo acabará siendo), a respetar a la afición (en el vestuario duelen las derrotas, pero en la grada también, y los aficionados vienen a vernos luchar y ganar), a no cobrar la prima (es verdad, perder suele salir muy caro económicamente), a que se confíe el rival (verte perder puede llevar a los siguientes rivales a confiarse y ser más vulnerables), a comprobar nuestra capacidad de motivarnos (cuando se gana se espera de uno lo mejor, eso hay que conseguirlo aún cuando se pierde), no estancarse (uno se da cuenta de que en el nivel que está no es suficiente, por ello debemos seguir mejorando), a comprender al adversario cuando pierde (es crucial respetar al adversario cuando nosotros hemos vencido, tener una palabra de ánimo), a admitir la crítica del compañero (un equipo que progresa es un equipo con capacidad para fomentar una fructífera crítica constructiva interna, y a saberla aceptar como motor de la mejora).
Si alguien cree que esto significa que aceptamos con resignación la derrota o que nos planteamos convertirla en moneda de nuestro conformismo, que no se confunda. Cada día saltamos al campo a ganar, si cabe con mayor deseo que el anterior, y si la derrota nos llega, que a nadie le quepa duda de que la esperaremos preparados, que estaremos por encima de ella, gracias a que aprenderemos de las circunstancias que nos toquen vivir. Siempre tenemos presente que sólo pierde quien no aprende de sus derrotas, no quien las padece.
Todo esto y más, dio de sí una tarde en un vestuario, donde un grupo de deportistas trataban de aprender de la primera derrota de la temporada. |